Todos conocemos los síntomas más populares de la menopausia: sofocos, insomnio, sequedad vaginal o pérdida de densidad ósea. Estos inconvenientes tienen un origen común: el descenso progresivo de los estrógenos y progesterona cuando se acaba la reserva de óvulos.
El proceso de la menopausia comienza dos años antes de tu última regla, en la perimenopausia, y se consolidad cuando se cumplen doce meses consecutivos sin menstruación. La intensidad y el momento de aparición de la menopausia depende mucho de cada mujer, pero todas ellas comparten este desajuste hormonal.
Qué ocurre en el cuerpo durante la menopausia
La menopausia puede ser muy distinta entre mujeres, pero no aparece nunca de forma repentina, sino como consecuencia de un proceso biológico: el agotamiento progresivo de los folículos ováricos.
Según explica la Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga, sexóloga y colaboradora de INTIMINA, “durante la menopausia dejan de producirse los estrógenos, pero también la progesterona y disminuye bastante la producción de andrógenos, hormonas masculinas, como la testosterona. En el fondo es una disminución importante de todas las hormonas sexuales”.
Esta caída no afecta solo al aparato reproductor. Los estrógenos actúan sobre el sistema nervioso, la piel, el hueso, el sistema cardiovascular y la regulación de la temperatura corporal, lo que explica por qué el déficit hormonal se traduce en síntomas tan variados.
Cuando el cerebro detecta que los ovarios producen cada vez menos estrógenos, la hipófisis intenta compensarlo elevando la hormona foliculoestimulante (FSH), cuyos niveles en sangre sirven como referencia orientativa (nunca definitiva por sí sola) para valorar en qué fase del proceso se encuentra una mujer.
Perimenopausia, menopausia y postmenopausia
La menopausia cuenta con tres etapas claras: perimenopausia, menopausia y postmenopausia. La perimenopausia es la fase de transición en la que la función ovárica empieza a fallar; puede durar varios años y suele cursar con ciclos irregulares.
Como detalla la Dra. Herrero, “en el caso de una menopausia natural, que no sea tras una cirugía o tratamientos oncológicos como la radioterapia pelviana, se trata de un proceso, no aparece de forma brusca. En cada mujer será diferente, pero lo más frecuente es que las ovulaciones fallen. Habrá ciclos con regla, pero en los que no se ovula. En esa primera etapa disminuye la producción de progesterona. Según avanza el agotamiento de los óvulos en los ovarios, empezarán a disminuir los estrógenos”.
La menopausia, en sentido estricto, es el cese definitivo de la menstruación y se diagnostica de forma retrospectiva tras doce meses sin regla, según la definición de la Organización Mundial de la Salud. La postmenopausia, por su parte, es la etapa que sigue: los niveles hormonales se estabilizan en valores bajos y algunos síntomas, como los sofocos, tienden a atenuarse con el tiempo, aunque persisten otros riesgos, como la pérdida de densidad ósea. Al conjunto de estas tres fases se le llama climaterio.
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Síntomas de la menopausia y su causa hormonal
Se han descrito más de cuarenta síntomas asociados a la menopausia, aunque no todas las mujeres los experimentan ni con la misma intensidad. Te contamos los más frecuentes y su relación con el déficit hormonal.
Sofocos y sudores nocturnos
Son el síntoma más característico: entre un 75% y un 85% de las mujeres los experimenta en algún momento de la transición menopáusica, según estimaciones recogidas por el Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos (NIA).
Se producen porque el descenso de estrógenos altera el centro de regulación de la temperatura del hipotálamo, que reacciona de forma exagerada a pequeños cambios térmicos dilatando los vasos sanguíneos de la piel. Suelen durar entre 30 segundos y 10 minutos y, en los casos más persistentes, pueden prolongarse varios años tras la última regla.
Insomnio y cambios de humor
La progesterona tiene un efecto sedante natural; su descenso, sumado a los sudores nocturnos que interrumpen el sueño, explica buena parte del insomnio de esta etapa. En cuanto al estado de ánimo, la fluctuación, no solo la caída, de estrógenos y progesterona influye en neurotransmisores como la serotonina, lo que puede traducirse en irritabilidad, ansiedad o tristeza sin una causa externa evidente.
Sequedad vaginal y cambios en la piel
Los estrógenos mantienen el grosor, la elasticidad y la lubricación de la mucosa vaginal, además de estimular la producción de colágeno en la piel. Cuando bajan, la mucosa se adelgaza, lo que puede provocar molestias en las relaciones sexuales, y la piel pierde firmeza e hidratación. A diferencia de los sofocos, este síntoma tiende a mantenerse o incluso a acentuarse en la postmenopausia.
| Síntoma | Causa hormonal asociada |
|---|---|
| Sofocos y sudores nocturnos | Descenso de estrógenos que altera el centro de regulación térmica del hipotálamo |
| Insomnio y despertares frecuentes | Caída de progesterona (efecto sedante) y sofocos nocturnos que fragmentan el sueño |
| Cambios de humor e irritabilidad | Fluctuación de estrógenos y progesterona, que modulan neurotransmisores como la serotonina |
| Sequedad vaginal y molestias en las relaciones | Adelgazamiento de la mucosa vaginal por déficit de estrógenos |
| Piel más fina y menos elástica | Los estrógenos estimulan el colágeno; su descenso reduce grosor e hidratación |
| Aumento de peso y cambio de silueta | Ralentización del metabolismo basal y redistribución de grasa hacia el abdomen |
| Pérdida de densidad ósea | Los estrógenos frenan la resorción ósea; su caída acelera la pérdida de masa ósea |
| Cansancio y niebla mental | Descenso hormonal combinado con mala calidad del sueño |
| Palpitaciones y cefaleas | Cambios vasomotores por fluctuación de estrógenos, a veces junto a un déficit de magnesio |
Síntomas de estrógenos bajos en la mujer
Todos los síntomas anteriores son, en el fondo, formas distintas en las que el cuerpo nota el descenso de estrógenos. Por eso, cuando se habla de “síntomas de estrógenos bajos” o de “carencias hormonales”, se está describiendo el mismo proceso que da lugar a los síntomas de la menopausia: la causa raíz es una sola, aunque cada mujer la note de forma distinta.
La Dra. Herrero subraya que este déficit va más allá de lo más conocido. “Estos síntomas son la parte visible del gran iceberg que es la menopausia. Son frecuentes el cansancio, la niebla mental y los cambios de humor con tendencia a pasar de la rabia a la tristeza. Muchos de estos síntomas se atribuyen a la carga mental del día a día. En realidad, tienen una base física”.
“Encontramos cambios a nivel del metabolismo: con una mayor tendencia a coger kilos aunque sigamos comiendo lo mismo. El descenso hormonal ralentiza nuestro metabolismo y quemamos menos. Muchas mujeres se culpan porque piensan que están haciendo algo mal, cuando es propio de nuestra biología. Lo mismo que la redistribución de grasa que se empieza a acumular en la tripa, aumentando la cintura”, explica la doctora.
A medio y largo plazo, el déficit de estrógenos también repercute en la salud ósea y cardiovascular. Los estrógenos frenan de forma natural la actividad de las células que destruyen hueso; al desaparecer esa protección, algunas mujeres pueden perder entre un 2% y un 3% de masa ósea al año durante los primeros cinco años tras la menopausia, lo que aumenta el riesgo de osteoporosis.
Preguntada por cuándo empieza a ser clínicamente relevante este impacto, la Dra. Herrero explica que “al ser un proceso continuo, en cada mujer será distinto. Incluso, algunas no notarán estos cambios”.
El papel del magnesio
Un matiz útil para diferenciar causas: algunos de estos síntomas (fatiga, alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, dificultad de concentración, cefaleas, palpitaciones y calambres musculares) también pueden aparecer por una ingesta insuficiente de magnesio, un mineral que actúa como cofactor en más de 600 reacciones enzimáticas del organismo, según explica Pilar Casanovas, farmacéutica y responsable de comunicación científica de PiLeje Laboratoire.
“Fatiga, alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, dificultad de concentración, cefaleas, palpitaciones y calambres musculares pueden aparecer tanto en situaciones de ingesta insuficiente de magnesio como en el contexto de la menopausia”, señala Casanovas, lo que hace recomendable valorar ambos factores ante síntomas persistentes.
Los síntomas según la edad
La edad media de la menopausia en España se sitúa en torno a los 51 años, según datos de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), aunque el rango considerado normal va de los 45 a los 55 años. Antes de los 40 se habla de menopausia precoz. Lo importante es que los síntomas no dependen tanto de una fecha exacta como de la fase hormonal en la que se encuentra cada mujer, que puede empezar años antes de la última regla.
A los 40 y 45 años
Los síntomas que aparecen entre los 40 y los 45 años suelen corresponder a la perimenopausia: ciclos irregulares, reglas más abundantes o más cortas, algún sofoco puntual, cambios de humor y alteraciones leves del sueño.
En esta fase la progesterona ya ha empezado a descender, mientras que los estrógenos todavía se mantienen, con oscilaciones, en niveles relativamente activos. Si la menstruación cesa antes de los 40 años, conviene consultar con el ginecólogo para descartar una insuficiencia ovárica precoz.
A los 49, 50 y 55 años
Entre los 49 y los 51 años se concentra la edad más habitual de la última regla, por lo que los síntomas suelen intensificarse: sofocos más frecuentes, sudores nocturnos, sequedad vaginal, insomnio y mayor fatiga.
A partir de los 52-55 años, ya en la postmenopausia, los niveles de estrógenos se estabilizan en valores bajos; algunos síntomas vasomotores tienden a espaciarse, pero cobran más protagonismo los relacionados con la salud ósea, la piel y las mucosas, que dependen más del tiempo transcurrido desde la última regla que de la edad cronológica en sí.
Síntomas menos conocidos de la menopausia
Además de los síntomas más divulgados, existen otras manifestaciones del déficit hormonal que se atribuyen con frecuencia a otras causas y que pasan desapercibidas:
- Niebla mental y dificultad para concentrarse, que muchas mujeres achacan al estrés o al cansancio acumulado.
- Palpitaciones y sensación de corazón acelerado, sin relación con ningún problema cardiaco.
- Hormigueo en manos y pies.
- Dolor articular y muscular generalizado.
- Picor en la piel o sensación de quemazón, incluida la boca urente.
- Cefaleas más frecuentes o migrañas que cambian de patrón.
- Cambios en el olor corporal, derivados de la alteración de la sudoración.
- Pérdida de densidad capilar o aparición de vello facial fino.
Como resume la Dra. Herrero, “son frecuentes el cansancio, la niebla mental y los cambios de humor con tendencia a pasar de la rabia a la tristeza. Muchos de estos síntomas se atribuyen a la carga mental del día a día. En realidad, tienen una base física”, lo que ayuda a entender por qué conviene no minimizarlos ni atribuirlos únicamente al estrés.
Qué se puede hacer para aliviar los síntomas
No existe una única solución válida para todas las mujeres: la elección depende de la intensidad de los síntomas, del historial médico y de las preferencias de cada persona. Estas son las líneas de abordaje más habituales:
- Terapia hormonal. Sigue siendo la opción más eficaz para los sofocos intensos y otros síntomas vasomotores en mujeres sin contraindicaciones, siempre bajo prescripción y seguimiento médico individualizado.
- Tratamientos no hormonales. Incluyen fármacos específicos para los sofocos y terapias locales para la sequedad vaginal, entre otras opciones que el ginecólogo puede valorar caso por caso.
- Hábitos de vida. Alimentación saludable, ejercicio regular, especialmente de fuerza, para proteger la masa ósea y muscular, evitar el tabaco y el alcohol, y cuidar el descanso y las relaciones sociales.
- Nutrientes específicos. El magnesio, por ejemplo, participa en la salud ósea, cardiovascular y cognitiva; distintos metaanálisis han encontrado menores niveles de magnesio en mujeres postmenopáusicas con osteoporosis y una asociación entre una ingesta adecuada y un mejor rendimiento cognitivo.
La Dra. Herrero insiste en que la prevención empieza mucho antes de la menopausia. “Si pensamos en prevención esta debe ser desde la infancia. Lo más importante son los buenos hábitos de salud, cada vez está más claro y hay más evidencia científica sobre ello. Alimentación saludable, ejercicio regular, evitar los tóxicos como tabaco y alcohol y cuidar las relaciones sociales y el descanso, son los pilares de un envejecimiento saludable. Eso que llamamos añadir vida a los años”.
Puedes consultar en detalle las opciones farmacológicas y no farmacológicas disponibles en nuestro artículo sobre terapias y fármacos para la menopausia.
Cuándo consultar con el médico
Es recomendable acudir al ginecólogo si los síntomas interfieren de forma notable en el día a día, si la menstruación se altera de forma marcada antes de los 45 años, si aparece sangrado después de haber pasado doce meses sin regla, o si existen antecedentes personales o familiares de osteoporosis o enfermedad cardiovascular que conviene valorar de forma preventiva.
Un profesional puede ayudar a distinguir qué síntomas responden al proceso hormonal natural y cuáles requieren un estudio adicional, además de orientar sobre las opciones de tratamiento más adecuadas para cada caso.


