El término vaginosis bacteriana se refiere a la vaginitis infecciosa más común, que afecta a casi un tercio de las mujeres en todo el mundo, con una alta tasa de recurrencia. La mayoría de los casos se produce en mujeres sexualmente activas entre los 15 y los 44 años, en especial tras el contacto con una nueva pareja.
Hasta el momento, esta infección no se ha tratado como una enfermedad de transmisión sexual. Sin embargo, un estudio reciente publicado en The New England Journal of Medicine podría cambiar esa percepción y el enfoque terapéutico de esta condición.
La investigación constata que la reinfección por parte de la pareja sexual es una de las causas principales por las que la vaginosis bacteriana vuelve a aparecer en muchas mujeres. Sugiere así una posible conexión entre ciertas infecciones de transmisión sexual y la alteración del equilibrio bacteriano en la vagina. De este modo, el estudio pone en duda la definición tradicional de esta infección como una simple alteración del microbioma vaginal y señala la necesidad de tratar también a las parejas sexuales cuando se diagnostica a una mujer.
¿Qué es la vaginosis bacteriana?
Se desconoce el proceso exacto por el cual la vaginosis bacteriana se desarrolla y progresa en el organismo, así como la causa de la desestabilización de la flora vaginal. Aunque casi la mitad de las mujeres con esta infección no presenta síntomas, los más comunes son:
- Aumento del flujo vaginal: secreción abundante, de textura acuosa y color grisáceo o blanquecino.
- Olor desagradable: fuerte y característico, que se acentúa después de las relaciones sexuales y durante la menstruación.
- Ardor en la zona vaginal: puede presentarse picor, aunque la irritación, el eritema o el edema no son frecuentes.
- Empeoramiento de síntomas: tras las relaciones sexuales o durante la menstruación.
- Mayor riesgo de ITS: como clamidia o VIH.
- Mayor riesgo en embarazadas: las mujeres embarazadas tienen mayor probabilidad de sufrirla.
Prevención de la vaginosis bacteriana
La vaginosis bacteriana tiene una alta tasa de recurrencia, lo que obliga a muchas pacientes a someterse a tratamientos durante meses, afectando su calidad de vida y sus relaciones sexuales. Para reducir esa recurrencia, se recomienda:
- Cuidar la higiene íntima: lavar la zona después de las relaciones sexuales.
- Usar preservativo: reduce el riesgo de contagio y de recaída.
- Evitar las duchas vaginales: pueden alterar el equilibrio de la microbiota vaginal y aumentar el riesgo de infección.
Nuevo paradigma: tratar también a la pareja
Hasta ahora, la infección se asociaba a múltiples parejas sexuales, a la falta de uso de preservativo o al inicio temprano de la actividad sexual. Pero este nuevo enfoque científico defiende una certeza significativa: aunque ya existía controversia sobre si era solo un desequilibrio bacteriano o una enfermedad de transmisión sexual, el estudio apunta a una evidencia que puede mejorar la salud íntima de muchas mujeres en el mundo.


