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Neurocirugía

Dr. Emilio Ayats: “La prevención cerebral empieza cuidando los vasos sanguíneos”

“Mi recomendación es actuar sobre parámetros concretos: medir la tensión, controlar glucosa y lípidos, hacer ejercicio regularmente, seguir una alimentación mediterránea y abandonar el tabaco”
15 de octubre de 2026
Dr. Emilio Ayats

¿Qué factores de nuestro día a día pueden aumentar el riesgo de sufrir un ictus y qué podemos hacer para prevenirlo?

El ictus suele ser el resultado de una interacción entre enfermedad vascular, factores metabólicos y hábitos de vida. La hipertensión arterial ocupa un lugar central, junto con el tabaquismo, la diabetes, las alteraciones del colesterol, la obesidad abdominal y la inactividad física. También debemos prestar especial atención a la fibrilación auricular, porque puede generar coágulos que viajan desde el corazón hasta el cerebro.El estudio internacional INTERSTROKE, con casi 27.000 participantes, relacionó diez factores potencialmente modificables con aproximadamente el 90 % del riesgo atribuible poblacional de ictus. Esto no significa que podamos evitar nueve de cada diez casos individuales con certeza, pero demuestra el enorme margen de prevención que existe.

Mi recomendación es actuar sobre parámetros concretos: medir la tensión, controlar la glucosa y los lípidos, hacer ejercicio con regularidad, seguir una alimentación mediterránea y abandonar el tabaco. La prevención cerebral empieza cuidando los vasos sanguíneos, mucho antes de que aparezca una lesión.

¿Existen señales de alerta que puedan indicar que una persona tiene un mayor riesgo de sufrir un ictus antes de que ocurra?

Hay que distinguir entre factores de riesgo silenciosos y síntomas neurológicos de alarma. La hipertensión o la fibrilación auricular pueden existir sin molestias evidentes; por eso, sentirse bien no excluye un riesgo vascular elevado.

La advertencia más importante es el ataque isquémico transitorio: una alteración brusca del lenguaje, de la fuerza o de la visión que después desaparece. Aunque el paciente vuelva aparentemente a la normalidad, el episodio exige una evaluación urgente. La desaparición de los síntomas no permite saber si existe una lesión cerebral ni elimina el riesgo de un nuevo evento.

Una boca desviada, un brazo que pierde fuerza o una dificultad repentina para hablar deben llevarnos a llamar al 112. También son señales de alarma la pérdida súbita de visión o del equilibrio. No debemos esperar a que el cuadro se complete: un síntoma transitorio puede ser una oportunidad para prevenir una lesión permanente.

¿Por qué es tan importante actuar durante las primeras horas ante un ictus y qué sucede en el cerebro durante ese tiempo?

En un ictus isquémico, la interrupción del flujo sanguíneo provoca un fallo energético. Las neuronas dejan de mantener correctamente sus funciones y se inicia una cascada de lesión. Alrededor del núcleo más dañado puede existir una penumbra isquémica: tejido que todavía es viable, pero cuya supervivencia depende de recuperar la circulación.

La prioridad es identificar rápidamente qué ocurre y, cuando está indicado, restablecer el flujo mediante trombólisis o trombectomía. Hoy las pruebas de imagen permiten seleccionar a determinados pacientes para tratamientos más allá de las ventanas temporales clásicas; esto amplía las oportunidades, pero nunca reduce la urgencia.

Uno de los avances más relevantes es que algunos pacientes con infartos extensos también pueden beneficiarse de la trombectomía. Los estudios sobre esta técnica muestran que la independencia funcional a los 90 días se alcanzó en aproximadamente el 20 % de los pacientes tratados, frente al 7 % con tratamiento médico solamente. Son resultados que muestran cómo la investigación está cambiando escenarios que antes considerábamos de muy mal pronóstico.

Una vez superada la emergencia, ¿cuándo debe comenzar la rehabilitación y por qué es tan importante no retrasarla?

La evaluación rehabilitadora debe comenzar durante la fase aguda y el tratamiento debe iniciarse cuando la situación clínica lo permita. Desde el ingreso debemos valorar movilidad, deglución, lenguaje, cognición y estado emocional, y asegurar la continuidad después del alta.

La investigación sugiere que existen periodos de mayor sensibilidad al entrenamiento. Los estudios de rehabilitación precoz indican que añadir 20 horas de entrenamiento motor específico produjo un mayor beneficio cuando se administraron entre los dos y tres meses posteriores al ictus. Este resultado apoya aprovechar la fase subaguda, pero no significa que debamos esperar dos meses para empezar ni que después deje de ser útil rehabilitar.

También sabemos que más intensidad no siempre es mejor en cualquier momento. La rehabilitación debe ser temprana, pero su dosis y su progresión deben ajustarse a la estabilidad del paciente.

¿De qué depende que una persona recupere más o menos funciones después de un ictus? ¿Puede el cerebro seguir recuperándose meses o incluso años después?

Depende de la localización y la extensión del daño, de las conexiones que se han preservado, de la rapidez del tratamiento y de la salud previa. Después influyen las complicaciones, la calidad del entrenamiento y el acceso continuado a la rehabilitación.

La recuperación se apoya en la neuroplasticidad: cambios en la eficacia de las conexiones y en la organización funcional de las redes que sobreviven. Recuperar una función puede implicar restaurar parte de su funcionamiento original o aprender estrategias de compensación. Las mejorías pueden continuar meses o años después, aunque suelen ser más rápidas al principio.

Un dato reciente resulta especialmente interesante: un ensayo publicado en 2026 observó un aumento aproximado del 18 % del BDNF sérico tras ocho semanas de ejercicio aeróbico añadido a la atención habitual. El BDNF es una proteína implicada en la plasticidad y la supervivencia neuronal. Ese aumento volvió a los niveles iniciales en el seguimiento, de modo que el dato solo aporta una pista sobre los mecanismos biológicos del ejercicio.

¿Qué papel pueden jugar nuevas estrategias como la oxigenoterapia hiperbárica en la recuperación cerebral después de un ictus?

La oxigenoterapia hiperbárica aumenta la cantidad de oxígeno disuelto en el plasma. Su interés en neurología nace de la posibilidad de modificar el entorno metabólico del tejido viable y favorecer procesos relacionados con la recuperación.

Un ensayo de Efrati comunicó mejorías funcionales y cambios de perfusión cerebral después de 40 sesiones en pacientes que habían sufrido un ictus entre seis y 36 meses antes. Fue un trabajo relevante para abrir esta línea de investigación, que ya utilizamos en la práctica clínica.

Mi posición es evaluar esta estrategia con criterios clínicos claros, explicar sus incertidumbres y priorizar la investigación. No sustituye la reperfusión urgente ni la rehabilitación, pero puede ser un complemento terapéutico.

¿Puede la neuromodulación ayudar al cerebro a recuperar funciones perdidas después de un ictus? ¿En qué pacientes podría tener sentido?

La neuromodulación busca modificar la actividad de las redes nerviosas para facilitar el aprendizaje durante la rehabilitación. Se estudian técnicas como la estimulación magnética transcraneal y la estimulación eléctrica transcraneal, que pueden considerarse complementos en pacientes seleccionados.

Uno de los ejemplos clínicos más sólidos es la estimulación del nervio vago sincronizada con ejercicios del brazo. En VNS-REHAB, un ensayo con 108 personas con ictus isquémico crónico, el 47 % presentó una mejoría clínicamente relevante en una escala motora a los 90 días, frente al 24 % del grupo con estimulación simulada.

Es esencial precisar que ese estudio utilizó un dispositivo implantado, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse directamente a la estimulación vagal auricular no invasiva.

El avance consiste en combinar una estimulación bien dirigida con la práctica de la función que queremos recuperar.

Desde su experiencia en Clínica Relit, ¿cuál es el principal mensaje que trasladaría a una persona que ha sufrido un ictus y a su familia sobre el proceso de recuperación?

Que el pronóstico debe orientarnos, pero no convertirse en una sentencia inamovible. Necesitamos conocer la lesión, identificar las capacidades preservadas y revisar periódicamente qué objetivos siguen siendo alcanzables.

El enfoque que defendemos en Relit es integrar la recuperación física, cognitiva y emocional, con objetivos que tengan significado para la persona. Una mejor puntuación en una prueba importa, pero importa todavía más que se traduzca en caminar con seguridad, comunicarse, vestirse o participar en la vida familiar.

La investigación está ampliando nuestras herramientas, aunque debemos distinguir siempre entre tratamientos establecidos y estrategias todavía en evaluación. Esa distinción forma parte de una medicina responsable y también de una esperanza bien fundamentada.

A las familias les diría que la recuperación puede ser irregular y que acompañar exige apoyo, información y descanso.

No podemos garantizar cuánto recuperará cada paciente, pero sí trabajar con rigor para identificar y aprovechar sus posibilidades de mejora.

 

“En un ictus isquémico, la interrupción del flujo sanguíneo provoca un fallo energético”

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