Cada verano, las olas de calor son más frecuentes. Este fenómeno no solo incrementa el riesgo de sufrir deshidratación, sino que también promueve la aparición de problemas de salud potencialmente graves, como el golpe de calor. Aunque mantenerse hidratado continúa siendo la medida preventiva más importante, la alimentación también desempeña un papel clave para ayudar al organismo a afrontar las altas temperaturas.
Saber cómo prevenir el golpe de calor con la alimentación implica mucho más que beber agua. La elección de los alimentos influye en el estado de hidratación, el aporte de minerales perdidos con el sudor, la digestión y la disponibilidad de energía durante los días más calurosos.
En este artículo encontrarás:
- Qué es el golpe de calor y quiénes son los grupos más vulnerables
- Síntomas que conviene reconocer a tiempo, tanto del golpe de calor como de la deshidratación previa
- Recomendaciones alimentarias clave: alimentos ricos en agua, comidas ligeras, aporte proteico y reposición de electrolitos
- Qué comer (y qué evitar) en los días de más calor, con propuestas concretas
- Electrolitos naturales: qué son, para qué sirven y en qué alimentos encontrarlos
- El impacto del verano en la microbiota intestinal: factores de riesgo, probióticos naturales y señales de alerta


