La detección temprana de la enfermedad celíaca es fundamental para evitar daños crónicos a largo plazo. La base de la recuperación y el bienestar de los pacientes radica en llevar una dieta sin gluten estricta y permanente.
¿Qué es la celiaquía y cuál es su origen?
La enfermedad celíaca es una condición sistémica autoinmune que daña el intestino delgado y altera la absorción de vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales. Es importante no confundirla con la sensibilidad al gluten no celíaca, ya que la celiaquía implica una respuesta inmunológica grave.
Las personas celíacas presentan una intolerancia permanente al gluten, una proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. En cuanto a la avena, aunque técnicamente es distinta, suele evitarse por el alto riesgo de contaminación cruzada, salvo que esté certificada como libre de gluten.
El factor genético
La enfermedad tiene una clara predisposición genética vinculada a los genes HLA-DQ2 y HLA-DQ8. Sin embargo, poseer estos genes solo indica “riesgo”; se estima que entre el 30% y el 40% de la población los tiene, pero solo un 1% o 3% llega a desarrollar la enfermedad debido a desencadenantes ambientales.
Como resultado del daño en las vellosidades del intestino delgado, se produce una mala absorción de nutrientes. Sin tratamiento, esto deriva en deficiencias nutricionales, anemia ferropénica, fatiga crónica y problemas de crecimiento.
Síntomas de la enfermedad celíaca según la edad
Los síntomas clásicos incluyen diarrea crónica, dolor abdominal, hinchazón, gases y pérdida de peso inexplicable. No obstante, según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), las manifestaciones varían según la etapa de la vida:
En adultos (manifestaciones comunes)
- Diarrea malabsortiva y estreñimiento.
- Apatía, irritabilidad, depresión y astenia (fatiga extrema).
- Anemia ferropénica persistente.
- Dermatitis herpetiforme (la “celiaquía de la piel”).
- Osteoporosis, artritis y fracturas óseas.
- Infertilidad, abortos recurrentes o menopausia precoz.
En la adolescencia
- Dolor abdominal y meteorismo (gases).
- Retraso puberal y menarquia tardía.
- Cefaleas y estomatitis aftosa (llagas en la boca).
- Corta estatura respecto a la media familiar.
En la infancia
- Náuseas, vómitos y anorexia (falta de apetito).
- Fallo de crecimiento e hipotrofia muscular.
- Pelo frágil y defectos en el esmalte dental.
- Irritabilidad, hiperactividad o introversión.
Proceso de diagnóstico: pruebas y pasos cruciales
El diagnóstico debe ser realizado por especialistas mediante un protocolo combinado:
- Serología: análisis de sangre para buscar anticuerpos (especialmente la antitransglutaminasa tisular IgA). Son útiles tanto para la detección inicial como para el seguimiento de la dieta.
- Estudio genético: se analiza el sistema HLA. Si es negativo, prácticamente descarta la enfermedad celíaca.
- Endoscopia digestiva y biopsia: es esencial para confirmar la lesión histológica y observar el grado de atrofia de las vellosidades intestinales.
- Citometría de flujo: permite analizar el linfograma intraepitelial en la mucosa del duodeno.
Bajo ningún concepto se debe eliminar el gluten de la dieta antes de realizar las pruebas diagnósticas, ya que esto podría falsear los resultados (falsos negativos).
El único tratamiento: Dieta Sin Gluten (DSG)
Actualmente, el único tratamiento eficaz es una Dieta Sin Gluten estricta de por vida. Al eliminar el gluten, la mucosa intestinal se recupera, los síntomas desaparecen y se normalizan los análisis de sangre.
- Tiempos de recuperación: en niños suele tardar meses, mientras que en adultos la reparación total puede demorarse entre uno y varios años.
- Contaminación cruzada: es el mayor riesgo. Ocurre cuando un alimento libre de gluten entra en contacto con trazas de cereales prohibidos (por ejemplo, al compartir tostadora o utensilios de cocina).
La detección temprana es vital para recuperar la calidad de vida y evitar complicaciones graves como el cáncer digestivo. Si presentas síntomas o tienes familiares directos celíacos, consulta con tu médico para realizar un cribado profesional.


