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Mapa dolor abdominal

Guía para el alivio abdominal con medicamentos y soluciones naturales

El dolor abdominal es un síntoma, no una enfermedad, y se debe conocer su causa antes de tratarlo. Te mostramos algunos síntomas típicos para identificarlos y frenarlos.

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Periodista especializada en salud

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22 de enero de 2026
Dolor pastillas

El dolor abdominal es uno de los síntomas más complejos de la medicina, ya que bajo esa etiqueta pueden esconderse muchas dolencias, desde la inflamación de la mucosa gástrica o una digestión lenta hasta un exceso de gases, y no todas las pastillas sirven para todos los dolores.

Tomar un antiinflamatorio común para un ardor de estómago, por ejemplo, podría empeorar el cuadro en lugar de aliviarlo. El éxito del tratamiento no reside en “anestesiar” la molestia, sino en identificar su origen: ¿es un espasmo muscular, un desequilibrio en la microbiota o un exceso de acidez?

En este artículo desglosamos las opciones farmacológicas con respaldo clínico, desde antiespasmódicos hasta enzimas digestivas, y exploramos cómo la medicina integrativa ofrece alternativas para recuperar el equilibrio de tu sistema digestivo de forma duradera.

Acidez y reflujo

Conocemos como “reflujo” el movimiento del ácido estomacal hacia el esófago, y la acidez (o pirosis) es la sensación de ardor en el pecho causada por este reflujo. Si se trata de una dolencia crónica, hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Los síntomas del reflujo gastroesofágico son la sensación de ardor en el pecho o acidez, además del posible reflujo de comida o líquido ácido en la garganta, de la dificultad para tragar o disfagia, y de la sensación de tener un nudo en la garganta. También puede derivar en tos continua, inflamación de las cuerdas vocales o laringitis, y problemas de asma por primera vez o un asma que se agrava.

Para frenar los síntomas, existen opciones que se venden sin receta médica, como los antiácidos, que neutralizan el ácido estomacal y pueden proporcionar alivio rápido. Sin embargo, no curan el esófago inflamado y dañado por el ácido.

Por otro lado, existen los medicamentos para reducir la producción de ácido, conocidos como “bloqueadores de la histamina” (H-2), que incluyen la cimetidina (Tagamet HB), la famotidina (Pepcid AC) y la nizatidina (Axid AR). No actúan tan rápidamente como los antiácidos, pero proporcionan un alivio más prolongado.

Asimismo, otros fármacos consiguen bloquear la producción de ácido y curan el esófago. Uno de ellos son los inhibidores de la bomba de protones, que impiden la producción de ácido de manera más potente que los bloqueadores. Sin receta médica se venden algunos como el lansoprazol, el omeprazol o el esomeprazol.

Si la dolencia prosigue, es recomendable acudir a un médico para explorar otras soluciones, como los medicamentos prescritos con receta u otros procedimientos como la cirugía.

 

Gases y distensión abdominal

Si los eructos, los gases y la hinchazón interfieren en tu día a día se pueden convertir en un problema. La distensión abdominal, que hace a quien la sufre sentirse hinchado, puede no deberse a la cantidad de gas, sino a cómo el cuerpo la gestiona.
La hinchazón puede proceder tanto del aire tragado (aerofagia) como de la fermentación bacteriana de los alimentos en el colon. Cuando los carbohidratos no se digieren completamente en el intestino delgado, llegan al colon, donde la microbiota los fermenta.

Este proceso natural produce gases (hidrógeno, metano y dióxido de carbono). El problema surge cuando la producción es excesiva o si existe una hipersensibilidad visceral: el intestino se estira y el cerebro lo interpreta como un dolor agudo o una presión insoportable.

Existen soluciones farmacológicas como la simeticona, que consigue romper las burbujas de gas pequeñas y difíciles de expulsar, convirtiéndose en un alivio inmediato para la presión.

Si la hinchazón se ha producido tras comer alimentos que provocan gases (legumbres, brócoli o coliflor), las enzimas digestivas ayudan a descomponer los azúcares complejos antes de que lleguen a las bacterias del colon, evitando la fermentación en origen.

En determinados casos, algunos probióticos pueden aliviar. En estudios clínicos se ha demostrado que ciertas cepas, como la Bifidobacterium infantis, han reducido específicamente la distensión abdominal al regular la fermentación.

Espasmos y cólicos

A diferencia de los gases y la hinchazón, los “retortijones” o calambres son un problema mecánico: una contracción involuntaria y dolorosa de los músculos lisos del intestino. Se produce cuando el sistema nervioso entérico envía señales erráticas que provocan que los músculos de las paredes intestinales se contraigan con demasiada fuerza o frecuencia. Esta hiperexcitabilidad muscular puede deberse a múltiples factores: desde una intolerancia alimentaria y estrés emocional hasta procesos inflamatorios o el síndrome del intestino irritable.

Para aliviar los síntomas se pueden emplear fármacos como la hioscina (Buscapina), que actúa bloqueando los receptores de acetilcolina en el músculo liso, lo que “apaga” la señal de contracción excesiva. Un medicamento efectivo para cólicos agudos.

Un remedio clásico es la aplicación de calor local (esterilla o bolsa de agua caliente). El calor provoca una vasodilatación que aumenta el flujo sanguíneo a la zona y ayuda a relajar las fibras musculares contraídas, actuando como un coadyuvante natural al fármaco.

 

Indigestión por comidas pesadas

Cuando experimentamos una indigestión por comidas pesadas, que se manifiesta con saciedad precoz y malestar general, es debido a que el estómago no logra vaciarse a un ritmo adecuado.

Si el cuerpo se ve desbordado por una comida excesiva, las enzimas que producimos de forma natural (en la saliva, el estómago y el páncreas) pueden ser insuficientes. Para lograr una mejor digestión podemos optar por fármacos como:

  • Complejos de multienzimas. Contienen lipasa (para las grasas), amilasa (para los hidratos) y proteasa (para las carnes). Ayudan a “predigerir” el bolo alimenticio, reduciendo el tiempo que la comida pasa en el estómago.
  • Bromelina y papaína. Enzimas naturales derivadas de la piña y la papaya que son especialmente eficaces para romper las cadenas de proteínas pesadas.

En este caso también podemos optar por la fitoterapia. Las plantas amargas como la alcachofera, el cardo mariano o el boldo estimulan la producción de bilis por parte del hígado, algo esencial si la comida ha sido muy rica en grasas.

Otro gran aliado puede ser el jengibre. Diversos estudios demuestran que acelera el vaciado gástrico de forma significativa, reduciendo la sensación de pesadez en menos tiempo.

El éxito del tratamiento no reside en “anestesiar” la molestia, sino en identificar su origen
Magnesio

La conexión con el magnesio

El magnesio ayuda a relajar la musculatura intestinal, siendo útil en los dolores asociados al estreñimiento. En concreto, el citrato de magnesio y el hidróxido de magnesio pueden poner solución al estreñimiento ocasional porque atrae agua al intestino, ablandando las heces a su paso.

Además, el hidróxido de magnesio se usa como antiácido con otros medicamentos para aliviar la indigestión ácida y la acidez y el malestar estomacales.

 

dolor de estómago

Probióticos vs. analgésicos

En muchos casos, un error común es tomar ibuprofeno o aspirina para aliviar el dolor de estómago. Estos fármacos, conocidos como AINE (antiinflamatorios no esteroideos), inhiben las prostaglandinas, unas moléculas que protegen la mucosa del estómago. Al tomarlos, debilitamos las defensas de nuestro estómago, provocando irritación, gastritis o incluso úlceras.

Frente al dolor de barriga ocasional, el analgésico adecuado suele ser el paracetamol, que es más respetuoso con la mucosa y puede frenar el dolor de forma momentánea, pero no trata la causa digestiva.

A diferencia de los analgésicos, los probióticos no pueden bloquear los receptores del dolor y no serán útiles para una crisis urgente, pero si es un dolor crónico puede deberse a una disbiosis (exceso de bacterias “malas” o fermentativas).

En este caso, ciertas cepas pueden ayudar a sellar las uniones de la pared intestinal (evitando el “intestino permeable“), lo que frena la entrada de toxinas que disparan la inflamación y el dolor.

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