El hígado graso o MASLD (Enfermedad Metabólica Asociada a Disfunción Hepática) ha adquirido la categoría de epidemia silenciosa: afecta a un gran número de personas sin que lo sepan.
Se trata de la enfermedad hepática crónica más prevalente en el mundo occidental, estrechamente vinculada con la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Tal y como indica su nombre, supone la acumulación excesiva de grasa (esteatosis) en las células del hígado.
Existen síntomas que permiten reconocer esta dolencia, que se puede diagnosticar con análisis de sangre o pruebas de imagen y mejorar con una dieta mediterránea. Es urgente acelerar su diagnóstico y manejo precoz para evitar su progresión a la forma inflamatoria, la MASH (Metabolic Dysfunction-Associated Steatohepatitis), fibrosis, cirrosis y hasta cáncer de hígado si no se trata.
El espectro MASLD: de la esteatosis simple a la MASH
El mecanismo centrar de la MASLD se basa en la resistencia a la insulina periférica que conduce a un aumento del flujo de ácidos grasos libres (AGL) hacia el hígado y la lipogénesis, el proceso bioquímico de formación de grasas que ocurre en el hígado y el tejido adiposo.
La detección precoz es una prioridad clínica, ya que la MASLD suele actuar como una “epidemia silenciosa” que afecta a un gran número de personas de forma asintomática. Para evitar la progresión hacia estadios críticos, se establecen las siguientes líneas de actuación:
- Evaluación mediante biomarcadores: el reconocimiento de esta patología se puede iniciar a través de análisis de sangre específicos que permitan identificar alteraciones metabólicas asociadas.
- Diagnóstico por pruebas de imagen: estas herramientas son fundamentales para confirmar la presencia de esteatosis (acumulación de grasa) en las células del hígado.
- Estratificación del riesgo de progresión: el manejo precoz es urgente para identificar a los pacientes en riesgo de desarrollar la forma inflamatoria de la enfermedad, conocida como MASH (Metabolic Dysfunction-Associated Steatohepatitis).
- Prevención de complicaciones crónicas: la detección temprana de la rigidez hepática busca frenar la evolución hacia la fibrosis avanzada, la cirrosis y, en última instancia, el cáncer de hígado.
Criterio diagnóstico
De acuerdo con el consenso clínico actual, el diagnóstico de MASLD requiere la confirmación de esteatosis hepática (acumulación de grasa) mediante pruebas de imagen o biopsia, junto con la presencia de al menos uno de los cinco criterios de riesgo cardiometabólico:
- Sobrepeso u obesidad (índice de masa corporal o circunferencia de la cintura elevados).
- Diabetes mellitus tipo 2 o niveles elevados de glucosa en ayunas.
- Hipertensión arterial.
- Niveles elevados de triglicéridos en sangre.
- Niveles bajos de colesterol HDL.
Estrategias de detección y detección temprana de fibrosis en la MASLD
Dado que la fibrosis es el principal predictor de complicaciones, se emplean diversas herramientas para su detección precoz:
- Biomarcadores no invasivos: uso de índices serológicos como el FIB-4 para estratificar el riesgo en pacientes de atención primaria.
- Pruebas de imagen avanzada: la elastografía de transición (FibroScan) permite medir la rigidez del hígado y cuantificar el grado de fibrosis sin necesidad de cirugía.
- Biopsia hepática: se mantiene como el estándar de oro para confirmar la presencia de inflamación activa (MASH) y estadificar con precisión el daño celular.
Tratamiento
El pilar fundamental del manejo clínico es la intervención multidisciplinar sobre los hábitos de vida:
- Pérdida de peso: se establece como objetivo una reducción de entre el 7% y el 10% del peso corporal para lograr la resolución de la inflamación hepática.
- Intervención nutricional: adopción de la dieta mediterránea, priorizando alimentos frescos y restringiendo estrictamente la fructosa procesada y bebidas azucaradas.
- Actividad física: realización de al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico o de resistencia para mejorar la sensibilidad a la insulina.
- Terapia farmacológica: en casos de MASH confirmada, se considera el uso de fármacos como la vitamina E o agonistas de GLP-1 bajo supervisión médica.
La Enfermedad Metabólica Asociada a Disfunción Hepática (MASLD) constituye la patología hepática crónica de mayor prevalencia en el mundo occidental, definida por la acumulación excesiva de grasa en los hepatocitos debido a procesos de resistencia a la insulina periférica y lipogénesis de novo. Debido a su naturaleza asintomática, se clasifica como una “epidemia silenciosa” ligada estrechamente al síndrome metabólico y la obesidad.
Resulta imperativo un diagnóstico temprano mediante análisis de sangre y pruebas de imagen para prevenir la progresión hacia la inflamación o MASH (Metabolic Dysfunction-Associated Steatohepatitis), la fibrosis, la cirrosis y el cáncer de hígado.


