Sed intensa, boca pegajosa, dolor de cabeza u orina más oscura de lo habitual son los primeros síntomas de deshidratación. El cuerpo pierde agua y electrolitos con el sudor, la fiebre, los vómitos o la diarrea, y cuando esa pérdida no se repone a tiempo, el organismo empieza a funcionar peor: baja el rendimiento físico y mental, y en los casos más avanzados puede comprometer el corazón y los riñones. Reconocer los síntomas según su gravedad, y por grupo de edad, es la clave para actuar a tiempo.
Qué es la deshidratación y por qué ocurre
La deshidratación se produce cuando el cuerpo pierde más líquido del que ingiere y no dispone de suficiente agua para llevar a cabo sus funciones habituales. Beber poco no es la única razón para alcanzar deshidratación: el sudor excesivo, la fiebre alta, los vómitos, la diarrea, el uso de diuréticos o simplemente pasar muchas horas en ambientes calurosos pueden provocar este estado de forma rápida.
El riesgo aumenta especialmente en verano, cuando el calor y la humedad elevan la sudoración y reducen su capacidad de refrigerar el cuerpo con la misma eficacia. La sed no siempre es una señal fiable: muchas personas, sobre todo las de mayor edad, no la perciben hasta que ya están deshidratadas, por lo que conviene adelantarse y beber con regularidad en los días de más calor o durante una enfermedad.
Síntomas de la deshidratación
Los síntomas varían según el grado de deshidratación y también según la edad de la persona. Reconocerlos pronto permite resolver la mayoría de los casos con líquidos, sin necesidad de asistencia médica.
| Nivel | Síntomas principales | Qué hacer |
|---|---|---|
| Leve o moderada | Sed, boca seca, orina más oscura de lo habitual, dolor de cabeza, cansancio, mareo leve al levantarse. | Beber agua con frecuencia, moderar el esfuerzo físico y buscar la sombra. Suele resolverse en pocas horas. |
| Moderada avanzada | Sequedad marcada de piel y mucosas, orina escasa y muy oscura, debilidad, irritabilidad, frecuencia cardíaca algo elevada. | Combinar agua con una solución de rehidratación oral (sales); consultar si los síntomas no mejoran en una hora. |
| Grave | Ausencia de orina, confusión, taquicardia, respiración acelerada, desmayo o pérdida de conciencia. | Es una urgencia médica: llamar al 112 o acudir a urgencias. Puede requerir sueros por vía intravenosa. |
Señales en niños y en personas mayores
En bebés y niños pequeños, la deshidratación suele manifestarse con menos pañales mojados de lo habitual, llanto sin lágrimas, mayor somnolencia, boca seca y, en los lactantes, la fontanela (la parte blanda de la cabeza) más hundida de lo normal. La diarrea y los vómitos son la causa más frecuente en esta etapa, por lo que conviene ofrecer líquidos desde los primeros síntomas de la enfermedad, sin esperar a que aparezca la deshidratación.
En las personas mayores, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) señala que el riesgo es mayor porque disminuye la sensación de sed, los riñones conservan el agua con menos eficacia y es habitual que convivan con enfermedades crónicas o tratamientos, como los diuréticos, que favorecen la pérdida de líquidos. En este grupo, los primeros signos suelen ser sutiles: cansancio sin causa aparente, debilidad, mareo al levantarse, boca seca con labios agrietados y orina escasa u oscura, síntomas que a veces se confunden con el propio envejecimiento.
Cuándo la deshidratación es una urgencia
Cuando la deshidratación es una urgencia, hay que buscar atención médica inmediata, o llamar al 112. Si aparece cualquiera de estas señales:
- Pérdida de conciencia o desmayo.
- Confusión, convulsiones o cambios bruscos en el estado mental.
- Fiebre superior a 39 ºC junto con otros síntomas de deshidratación.
- Ausencia de orina durante varias horas.
- Pulso muy acelerado o respiración muy rápida.
- Los síntomas no mejoran, o empeoran, a pesar de beber líquidos.
Cómo recuperarse de una deshidratación
El tratamiento depende de la edad de la persona, la causa y el grado de deshidratación, pero el objetivo siempre es el mismo: reponer agua y electrolitos.
Rehidratación con agua y sales
En los casos leves suele bastar con beber agua con frecuencia, en pequeñas cantidades y de forma continuada, en lugar de grandes tragos espaciados. Cuando la pérdida de líquidos se debe a vómitos, diarrea, fiebre o sudoración intensa, el agua sola no siempre repone el sodio y el potasio perdidos, por lo que conviene recurrir a una solución de rehidratación oral (el conocido como suero oral), disponible en farmacias, que contiene agua y sales en proporciones específicas.
En niños pequeños, la pauta habitual es ofrecer el suero en cantidades muy pequeñas y frecuentes (por ejemplo, una cucharadita cada pocos minutos) para que el estómago lo tolere mejor, aumentando el volumen según lo vaya aceptando.
Cuándo el agua sola no es suficiente
El agua sola puede no ser suficiente, e incluso resultar insuficiente en casos de pérdidas importantes, cuando existe diarrea o vómitos abundantes, fiebre alta mantenida, ejercicio intenso y prolongado en el calor, o cuando la persona pertenece a un grupo de riesgo (niños pequeños, personas mayores o con enfermedades crónicas).
En esas situaciones, las sales de rehidratación oral ayudan a restablecer el equilibrio de electrolitos de forma más eficaz que el agua corriente. Si la persona no tolera los líquidos por vía oral, presenta vómitos persistentes o los signos de gravedad descritos más arriba, el tratamiento debe realizarse en un centro sanitario, con sueros por vía intravenosa.
Grupos con más riesgo en verano
El calor no afecta a todas las personas por igual. El Ministerio de Sanidad, a través del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, identifica como grupos más vulnerables a las personas mayores, los bebés y niños pequeños, las mujeres embarazadas y las personas con enfermedades crónicas (cardiacas, renales, diabetes) que pueden agravarse con el calor y la deshidratación.
Los deportistas y las personas que trabajan al aire libre también corren un riesgo elevado, ya que el ejercicio intenso en ambientes calurosos multiplica la pérdida de líquidos por sudor. En estos casos conviene hidratarse antes de empezar la actividad, no solo durante o después, y prestar atención a los primeros síntomas: dolor de cabeza, calambres musculares o mareo pueden ser el aviso de que el cuerpo ya está por debajo de sus necesidades de líquido.
Cómo prevenir la deshidratación con calor
La prevención es, sobre todo, cuestión de anticiparse a la sed. El decálogo del Ministerio de Sanidad frente a las altas temperaturas recoge varias pautas que pueden trasladarse fácilmente al día a día:
- Beber agua o líquidos con frecuencia, aunque no se sienta sed.
- Evitar el abuso de bebidas con cafeína, alcohol o muy azucaradas, que favorecen la pérdida de líquidos.
- Reducir la actividad física y evitar el deporte al aire libre entre las 12:00 y las 17:00 horas.
- Permanecer el mayor tiempo posible en lugares frescos, a la sombra o climatizados.
- Usar ropa ligera, holgada y de colores claros.
- Prestar especial atención a bebés, niños pequeños, embarazadas, mayores y personas con enfermedades crónicas.
- No dejar nunca a nadie (y menos a niños, personas mayores o enfermas) dentro de un vehículo cerrado.
- Consultar al médico si los síntomas relacionados con el calor se prolongan más de una hora.
Incorporar alimentos ricos en agua, como frutas y verduras frescas, y hacer comidas ligeras ayuda además a reponer parte de las sales que se pierden con el sudor. Vigilar estos hábitos es todavía más importante durante una ola de calor, cuando el riesgo de deshidratación y de golpe de calor aumenta de forma notable.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el diagnóstico, el consejo o el tratamiento de un profesional sanitario. Ante síntomas de deshidratación grave, o si la situación afecta a un bebé, una persona mayor o alguien con una enfermedad crónica, consulte a un médico o acuda a un servicio de urgencias.


