El dolor lumbar crónico es aquel que se mantiene durante al menos seis meses en la parte baja de la espalda, entre la primera vértebra lumbar (L1) y la segunda vértebra sacra (S2). Se diferencia del dolor agudo porque este último suele ser más intenso y de menor duración (no acostumbra a durar más de tres semanas). Mientras que el dolor agudo suele estar relacionado con lesiones o esfuerzos puntuales que provocan una contractura muscular o un síndrome facetario (coloquialmente conocido como “bloqueo articular”), que generalmente remiten con fármacos antiálgicos, el dolor crónico es persistente y muchas veces escapa a las soluciones habituales como los analgésicos.
En la práctica clínica, es habitual recibir pacientes que, bajo suscripción médica, llevan meses —incluso años— tomando medicación para el dolor sin obtener resultados positivos. Esto ocurre porque los fármacos antiálgicos están diseñados para tratar el dolor agudo, no el dolor que se ha cronificado. Cuando el dolor persiste en el tiempo y la única estrategia es aumentar la dosis de medicamentos, se entra en un círculo vicioso que no resuelve el problema y que puede incluso agravar la situación general del paciente.
Causas y factores que perpetúan el dolor lumbar crónico
Las causas del dolor lumbar crónico pueden ser diversas. En muchos casos, está relacionado con el estrés emocional, una vida sedentaria o posturas mantenidas durante horas en el entorno laboral. También puede derivarse de afecciones como la artrosis, de una lesión como una hernia discal, o en situaciones más graves, de afecciones viscerales o incluso tumores, donde la fisioterapia no es el tratamiento principal, pero puede tener un papel complementario una vez controlada la causa original.
Lo preocupante no es solo el origen del dolor, sino cómo este se mantiene. El estrés continuo, el miedo al movimiento, el sedentarismo y el uso prolongado de fármacos forman un cóctel que impide que la persona se recupere. Por eso, uno de los primeros objetivos es romper ese ciclo de “inactividad, medicación y estrés” que sostiene el dolor en el tiempo. Para lograrlo, hay que buscar ayuda profesional, ir bajando la dosis de fármacos y aumentar la actividad física con ejercicio suave moderado. Esto, a su vez, seguramente propiciará una reducción del estrés que sufre el paciente en su día a día.
Músculos, articulaciones y estabilidad lumbar
Cuando hablamos de dolor en la zona lumbar, no nos referimos solo a una vértebra “fuera de sitio” o a un músculo contracturado. Esta zona involucra una estructura muscular compleja que incluye el transverso del abdomen, los oblicuos, los paravertebrales, el cuadrado lumbar, los glúteos y el psoas. Todos ellos forman parte del cinturón lumbo-pélvico, también conocido como el core, que actúa como soporte natural de la columna.
Un mal funcionamiento de esta musculatura, ya sea por debilidad o descoordinación, puede generar una sobrecarga constante que perpetúe el dolor. De ahí la importancia de abordar el tratamiento desde un punto de vista funcional y no únicamente estructural.
Cómo ha cambiado el enfoque de la fisioterapia
La fisioterapia ha evolucionado en los últimos años. Antes se hablaba de reposo, electroterapia y tratamientos pasivos. Hoy sabemos, gracias a los avances en neurociencia del dolor, que el movimiento es una parte esencial de la recuperación. Entender que el dolor no siempre indica daño es un paso clave para perder el miedo a moverse y comenzar un camino activo hacia la mejora.
En lugar de centrarnos exclusivamente en calmar el dolor, la fisioterapia actual busca restaurar la funcionalidad, mejorar el control motor y aumentar la tolerancia al movimiento mediante ejercicios específicos. Este enfoque permite que el paciente recupere progresivamente su autonomía y confianza corporal.
El papel del ejercicio terapéutico
Introducir actividad física es fundamental para salir del bucle del dolor lumbar crónico. Pero no se trata de ir al gimnasio sin más, sino de incluir en el día a día acciones simples como caminar, subir escaleras en lugar de usar el ascensor o realizar pausas activas si se pasa muchas horas sentado.
Además, hay ejercicios especialmente beneficiosos para fortalecer el cinturón lumbo-pélvico. Los hipopresivos, el trabajo de core y la propiocepción ayudan a mejorar la estabilidad de la columna, reeducar el control postural y reducir el riesgo de recaídas. En todo caso, el ejercicio debe ser progresivo, adaptado a cada persona y supervisado por un profesional cuando sea necesario.
¿Y la terapia manual?
La terapia manual periódica para tratar la rigidez que existe en la zona sigue siendo una herramienta muy valiosa en el abordaje del dolor lumbar crónico. Por eso, cada cierto tiempo es aconsejable ir al fisioterapeuta, que ayudará a mejorar la movilidad articular, a aliviar tensiones y a restablecer un buen tono muscular. Combinada con el ejercicio terapéutico, puede acelerar la recuperación y aportar un alivio significativo al paciente.
De hecho, uno de los errores más comunes es esperar demasiado para consultar con un fisioterapeuta. Al principio, el dolor puede parecer soportable, no incapacitante, y muchas personas optan por automedicarse o simplemente ignorarlo. Cuando pasan los meses y el dolor no mejora, es habitual que se recurra a tratamientos más agresivos que tampoco dan resultado.
Lo ideal es actuar pronto, durante las primeras semanas o meses, para evitar que el dolor se cronifique y se instale un patrón de sufrimiento difícil de desactivar.
Abordar lo emocional: un componente esencial
El dolor lumbar crónico no es solo un problema físico. El componente emocional y psicosocial tiene un peso importante. Aunque el fisioterapeuta no debe asumir funciones psicológicas, sí puede ofrecer algo igual de valioso: el contacto humano y una escucha activa durante la sesión. Estos dos elementos permiten generar empatía y crear un entorno de confianza, que son el primer paso para conseguir un espacio seguro para que el paciente se sienta acompañado y comprendido en su proceso.
Diagnóstico y tratamiento personalizado
Cada paciente es distinto, y el enfoque debe adaptarse. Una persona que hace deporte regularmente no necesita lo mismo que alguien que pasa ocho horas sentado frente al ordenador, o que una persona mayor con limitaciones funcionales. En cada caso, el tratamiento debe tener en cuenta no solo el estado físico, sino también el estilo de vida, los objetivos y las motivaciones del paciente.
Consejos prácticos para prevenir recaídas
El dolor lumbar puede remitir durante un tiempo y, luego, reaparecer. Para evitar una recaída, la prevención es clave. Mantener una buena salud lumbar pasa por mantenerse activo, cuidar la postura, moverse con frecuencia y fortalecer los músculos estabilizadores. Pero también es importante reducir el estrés, dormir bien y pedir ayuda profesional cuando el dolor no mejora. El compromiso del paciente consigo mismo es, sin duda, el factor más decisivo en el proceso de recuperación.
En conclusión
El dolor lumbar crónico es un problema complejo, pero no siempre irresoluble. Con un enfoque adecuado, basado en la fisioterapia activa, la educación y la participación del paciente, es posible reducir el dolor, recuperar la funcionalidad y mejorar la calidad de vida. La clave está en salir del círculo de la pasividad y asumir un papel activo en la propia recuperación. El fisioterapeuta es un guía, un acompañante en el proceso, junto con otros profesionales de la salud, pero el cambio real ocurre cuando el paciente se compromete activamente y se convierte en protagonista de su propia salud.


