La alimentación consciente, o mindful eating, se define como una práctica metodológica orientada a discernir las diversas experiencias de hambre mediante la integración de todos los sentidos durante el acto de comer.
Este enfoque clínico permite al individuo tomar consciencia sobre la selección de alimentos, la técnica de ingesta y el reconocimiento de señales fisiológicas críticas de hambre y saciedad. Al implementar esta disciplina, se facilita la identificación precisa de sabores, texturas y aromas, promoviendo una relación equilibrada entre las respuestas emocionales y las necesidades biológicas del organismo.
Según Jan Chozen, autora del superventas Comer atentos, existen nueve tipos de hambre. Entre ellas existe una distinción clara entre el hambre física y la emocional.
La alimentación consciente (mindful eating)
Una práctica que podemos empezar a efectuar para poder separar las distintas experiencias de hambre es la alimentación consciente o mindful eating.
En ella ponemos todos nuestros sentidos a la hora de comer, permitiéndonos ser conscientes de qué, cómo y de qué forma comemos. Además, tomamos consciencia de las elecciones que hacemos en torno a la comida y somos capaces de saborear cada bocado, identificando el sabor, la textura y el olor de la comida y escuchando las señales del cuerpo de hambre y saciedad, así como todas las emociones y sensaciones que experimentamos en relación con la comida.
De todos los tipos de hambre, la de estómago se puede decir que es la que identificamos como hambre física. Sin embargo, hay otros tipos que influyen en ese complejo proceso, que es tener hambre.
Tipos de hambre
Dependiendo de donde procede las ganas de comer, Jan Chozen ha definido 9 tipos de hambre que se dividen en tres grandes grupos:
Hambre de los sentidos
- Hambre visual: es aquella cuyo principal desencadenante es el sentido de la vista. La buena presentación de los platos o los colores satisfacen nuestra hambre visual.
- Hambre olfativa: es la desencadenada por el sentido del olfato. El gusto y el olfato van relacionados; muchas veces, cuando no tenemos olfato (por ejemplo, si estamos resfriados), la comida nos sabe diferente e insípida.
- Hambre de sabor (o bucal): lo podríamos resumir como la necesidad de sentir en la boca una sensación placentera que va más allá de tener hambre fisiológica. Es importante entender el hambre bucal porque la industria elabora alimentos con mucha sal, azúcar y grasa para que sean muy palatables y nos inciten a seguir queriendo comer por mucho que estemos saciados fisiológicamente hablando.
- Hambre de oído: se relaciona con el hambre que sentimos cuando oímos el sonido con el que identificamos un alimento. Por ejemplo, el crujir de unas patatas de bolsa o el sonido de abrir una lata de nuestro refresco favorito.
- Hambre de tacto: el tacto puede influir en nuestra sensación de hambre. Notar la textura y la temperatura de la comida puede ser muy positivo, o incluso nos puede hacer tener aversiones a algún alimento (por ejemplo, la piel del melocotón o mancharse las manos).
Hambre Fisiológica y Cognitiva
- Hambre de estómago: es el que se siente cuando llevamos muchas horas sin comer. Algunas personas lo sentirán como un rugido de las tripas, para otras es como un sentimiento de vacío o incluso sentirán un dolor que cesa al comer algo.
- Hambre celular: es la necesidad de nutrientes que necesita nuestro cuerpo. Podemos sentir que quizá nuestras células nos piden plátano cuando nos falta potasio o un chuletón si la deficiencia es de hierro.
- Hambre mental: está asociada a los pensamientos que tenemos sobre la comida y a las creencias entre lo bueno y lo malo. Muchas veces nos llevamos más por lo que pensamos que está bien y desconectamos de nuestras sensaciones corporales (por ejemplo, si nos han dicho que debemos comer cinco veces al día o que el desayuno es la comida más importante). Esta hambre mental bloquea las sensaciones físicas.
Hambre Emocional
- Hambre de corazón: es la que surge de nuestras emociones. ¿Algún alimento te reconforta cuando estás enfermo? ¿Comes cuando te sientes triste o solo? El hambre de corazón nos ayuda a calmar nuestras emociones y no es perjudicial comer de manera emocional de vez en cuando.
Comprender el apetito
En conclusión, la categorización de los nueve tipos de hambre (agrupados en dimensiones sensoriales, fisiológicas-cognitivas y emocionales) proporciona un marco analítico esencial para comprender la complejidad del apetito humano. Al identificar estímulos que van desde el hambre visual y olfativa hasta el hambre celular o de corazón, el individuo puede mitigar la interferencia de creencias mentales o impulsos de la industria alimentaria que suelen bloquear las sensaciones corporales reales.
El desarrollo de esta consciencia plena no solo optimiza la satisfacción de las necesidades nutricionales, sino que también permite gestionar de forma saludable y consciente el componente emocional inherente a la alimentación.


