Llega el verano y serán muchos los que deberán ponerse frente al volante para llegar a sus destinos de vacaciones. Algo que puede parecer un trámite para algunos, puede ser un impedimento insalvable si se padece amaxofobia, miedo a conducir.
Se calcula que 3 de cada 10 personas en España padecen amaxofobia, un miedo que se va haciendo grande si se lo ignora. Cuanto más tiempo pasamos sin coger el volante por miedo, más crecerá nuestro reparo a hacerlo, así lo explicaba Cristina Rojas, especialista en miedo a conducir, durante la presentación de un programa contra la amaxofobia impulsado por Europcar.
Coincidiendo con la operación salida, Europcar ha dado a conocer en el Circuito de Montmeló (Barcelona) los resultados de Gaming Therapy, un programa desarrollado junto a Publicis España que aborda el miedo a conducir a través de una exposición progresiva, controlada y segura: primero desde casa, mediante un videojuego; después en un simulador; y finalmente en un vehículo real.
Según el Estudio sobre Ansiedad en la Conducción: Amaxofobia en los Conductores, elaborado por la Fundación CEA (Comisariado Europeo del Automóvil) y publicado en diciembre de 2018, la fobia a la conducción afecta a más del 28% de los conductores en España, con una proporción de 55% de mujeres y 45% de hombres entre los 40 y 59 años, proporción que se iguala a partir de los 60.
En este programa han participado seis personas con casos distintos. Uno de ellos es el de Víctor Barcelona, de 29 años, que se sacó el carnet con 19 y lo ha ido abandonando poco a poco. “Me lo saqué con suerte y en mi pueblo, que era un espacio mucho más pequeño. Al llegar a una gran ciudad fue cuando me convencí de que no quería coger el coche nunca”, explica. Sin embargo, a través de la terapia realizó una vuelta por el Circuito de Montmeló junto a la terapeuta Cristina Rojas.
“La terapia ha sido grupal, con Cristina, y cada uno contaba su experiencia. Cada persona es un mundo: uno tenía miedo a los túneles, otro a que le adelantara un camión. Al final, cada uno iba contando lo suyo, y era una mezcla entre autoescuela —en el sentido de darte tips, tipo ‘si te pasa esto, haz esto’— y psicología general, para manejar la ansiedad y ese tipo de situaciones o sensaciones negativas”, explica Víctor.
Qué es la amaxofobia
La amaxofobia es un trastorno silencioso, mucho más extendido de lo que habitualmente se percibe. Así, el 28% de los conductores en España reconoce sentir miedo al volante en determinadas circunstancias, mientras que el 6% sufre un miedo incapacitante que puede llegar a impedir completamente la conducción.
La mayoría de las personas que sufren esta fobia conviven con este problema durante años, adaptando sus rutinas para evitar conducir y limitando paulatinamente su autonomía. En el caso de los hombres, este silencio suele ser incluso mayor ya que reconocer miedo o inseguridad al volante suele chocar con estereotipos asociados al control o la destreza.
Sus consecuencias pueden ir desde depender de familiares o amigos para desplazarse hasta rechazar oportunidades laborales, modificar planes de ocio o vacaciones, evitar trayectos concretos (autopistas, túneles o viajes de noche) o renunciar a conducir fuera del entorno habitual.
Síntomas del miedo a conducir
El miedo a conducir puede presentarse de muchas formas y en distintos grados. La amaxofobia se clasifica como una fobia específica y, como tal, cumple ciertos criterios diagnósticos: el miedo debe ser desproporcionado respecto al riesgo real, provocar malestar clínicamente significativo y persistir en el tiempo (generalmente más de seis meses), interfiriendo en la vida laboral, social o personal.
Síntomas físicos
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran las palpitaciones cardíacas, con un aumento de los latidos del corazón, sudoración excesiva y sensación de opresión en el pecho; los temblores visibles en manos o cuerpo, que pueden llegar a afectar la capacidad de controlar el vehículo; la dificultad respiratoria, con sensación de falta de aire; y los vértigos o náuseas. A esto se suman la rigidez y el dolor muscular, el dolor de estómago y, en algunos casos, el entumecimiento de las extremidades.
Síntomas psicológicos y conducta de evitación
La ansiedad intensa (una sensación de miedo o pánico desproporcionada respecto a la situación real, que aparece antes o durante la conducción) es el síntoma psicológico central. A menudo se acompaña de pensamientos catastróficos, con preocupación excesiva por sufrir accidentes o perder el control del vehículo, y de una ansiedad anticipatoria que aparece incluso días antes de tener que conducir. También son comunes el insomnio y las pesadillas relacionadas con el viaje, la sensación permanente de alerta y los cambios en el apetito.
La evitación de situaciones que requieren conducir es una de las manifestaciones más características del trastorno. En sus formas más leves, esto se traduce en evitar ciertas condiciones (autopistas, túneles, conducción nocturna o con tráfico intenso); en los casos más severos, la persona puede llegar a dejar de conducir por completo. También son habituales los cambios en el propio estilo de conducción: conducir de manera anormalmente lenta o preferir siempre trayectos más largos pero percibidos como más seguros, así como la necesidad de ir siempre acompañado al volante.
Por qué aparece el miedo a conducir
Existen causas muy diversas por las que una persona puede desarrollar miedo a la conducción. Además, son multifactoriales: rara vez responde a un único desencadenante, sino a la combinación de una experiencia concreta con una vulnerabilidad psicológica de base.
Experiencias traumáticas al volante
Uno de los motivos más documentados es el de haber sufrido una experiencia traumática al volante. Es el caso de Leila Jiménez, una de las participantes en la terapia. “Me saqué el carné muy joven, con diecinueve o veinte años, y lo había usado muy poco cuando tuve un accidente. Yo no iba en el coche que volcó, pero fuimos quienes tuvimos que sacar a las personas y pedir ayuda. Uno de mis amigos falleció esa noche”, explica Leila minutos antes de volver a ponerse al volante veinte años después del suceso.
Según el Estudio sobre la Ansiedad en la Conducción de la Fundación CEA, haber sufrido un accidente hace más de un año es la causa más frecuente de amaxofobia, con un peso del 24% sobre el total de casos. También puede originarse tras enfrentar un trastorno por estrés postraumático al haber sido víctima o testigo de un accidente de tráfico, o incluso tras sufrir un ataque de pánico mientras se conducía, lo que genera miedo a que la situación se repita.
No obstante, no hace falta un accidente previo para desarrollar amaxofobia. Una mala experiencia con otros conductores explica un 19% de los casos, mientras que la falta de práctica por abandono prolongado de la conducción representa un 18%. Esto es habitual en conductores noveles con poco rodaje real tras el carné, o en personas que dejaron de conducir durante un periodo largo y deben retomarlo.
Factores de personalidad
Hay factores de base que no tienen que ver con la conducción en sí y que interfieren a la hora de desarrollar el trastorno: la baja autoestima, el perfeccionismo o la predisposición a sufrir estrés o ansiedad aparecen de forma recurrente en los perfiles estudiados.
La amaxofobia rara vez aparece de forma aislada. Padecer otros trastornos de ansiedad como la claustrofobia, la hipocondría o la agorafobia incrementa la probabilidad de desarrollar miedo a conducir, ya que comparten el mismo mecanismo de base: la anticipación catastrófica de perder el control en una situación percibida como inescapable.
Cómo superar la amaxofobia
Para superar la amaxofobia es clave no caer en la evitación de la conducción. La terapeuta especializada Cristina Rojas hace hincapié en construir primero una base emocional para después empezar a conducir de forma gradual.
“Cuando el tratamiento se adapta a las necesidades de cada persona y se trabaja mediante una exposición progresiva y segura, los resultados son muy positivos. Con acompañamiento especializado y las herramientas adecuadas, es posible recuperar la confianza al volante y volver a disfrutar de la libertad de movimiento”, sostiene la especialista.
Exposición gradual
La exposición gradual, también llamada desensibilización sistemática, es uno de los pilares del tratamiento y se considera el abordaje de referencia para las fobias específicas. Consiste en enfrentarse a la situación temida de forma progresiva y controlada, empezando por los pasos que generan menos ansiedad y avanzando solo cuando el nivel de malestar de cada etapa se vuelve manejable, no cuando desaparece por completo.
En la práctica, esto suele traducirse en una jerarquía de pasos ordenados de menor a mayor dificultad: sentarse en el coche parado, arrancar el motor sin moverse, dar una vuelta corta por una calle conocida en un horario tranquilo, repetir un trayecto sencillo varias veces, y solo después progresar hacia vías de mayor exigencia como una rotonda con tráfico, un tramo de autovía o, finalmente, la autopista. Cada escalón se repite hasta que la respuesta de ansiedad baja de forma clara antes de subir al siguiente.
Una variante que está ganando terreno es la exposición mediante realidad virtual, que permite recrear entornos de conducción (túneles, autopistas, tráfico denso) en un contexto seguro y sin los riesgos de la carretera real, como paso previo a la exposición en condiciones reales. “Lo que más me ha servido ha sido la parte más lúdica: tener las herramientas que nos daba la terapeuta en las sesiones para afrontar el momento, y luego la parte del videojuego”, explica Emilia García, una de las protagonistas de la terapia de Europcar.
Terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es el marco terapéutico en el que habitualmente se integra la exposición gradual, y aborda el trastorno desde dos frentes: el pensamiento y la conducta.
En el plano cognitivo, el trabajo se centra en identificar y cuestionar los pensamientos catastróficos asociados a la conducción, por ejemplo, la creencia de que incorporarse a una autopista terminará inevitablemente en accidente, o que sentir ansiedad al volante equivale a perder el control. El psicólogo ayuda a examinar la evidencia real detrás de esas creencias y a sustituirlas por interpretaciones más ajustadas a la probabilidad real de riesgo.
En el plano conductual, la TCC incorpora el entrenamiento en habilidades de afrontamiento: técnicas de relajación y respiración, reestructuración progresiva de la conducta evitativa y, en algunos casos, entrenamiento en autoestima y confianza al volante, especialmente relevante cuando el origen del miedo está ligado a un aprendizaje marcado por la inseguridad. La mayoría de las personas experimenta una mejora significativa en un plazo de varios meses de tratamiento constante.
Técnicas de respiración y manejo de la ansiedad
Estas técnicas no sustituyen a la terapia, pero funcionan como herramientas de apoyo dentro y fuera de las sesiones, especialmente útiles en el momento en que aparecen los primeros síntomas físicos al volante.
La respiración diafragmática (que consiste en inspirar profundamente llevando el aire al abdomen en lugar de al pecho, y espirar de forma lenta y prolongada) ayuda a activar la respuesta de calma del sistema nervioso y a contrarrestar la respiración corta y acelerada que acompaña a los picos de ansiedad. Se recomienda practicarla primero en momentos de calma, para poder recurrir a ella de forma automática cuando aparece el miedo al volante.
A esto se suman otras estrategias de regulación como la relajación muscular progresiva, la visualización positiva de la situación de conducción antes de enfrentarla, y el registro del propio nivel de ansiedad en una escala (por ejemplo, de 0 a 10) antes, durante y después de cada trayecto, lo que permite objetivar el progreso a lo largo del tratamiento.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene consultar con un psicólogo cuando el miedo a conducir dura más de seis meses, provoca ansiedad intensa o ataques de pánico, o lleva a evitar por completo el coche afectando al trabajo, los estudios o la vida social. También es una señal de alarma si aparecen síntomas físicos recurrentes (taquicardia, dificultad para respirar, mareos) solo con pensar en conducir. Cuanto antes se aborde, más fácil resulta revertir el patrón de evitación antes de que se cronifique.
Preguntas frecuentes
¿La amaxofobia tiene cura?
Sí. Con terapia cognitivo-conductual y exposición gradual, la mayoría de las personas logra reducir significativamente el miedo y recuperar la conducción.
¿Es lo mismo amaxofobia que nervios de conductor novel?
No. Los nervios iniciales son normales y suelen desaparecer con la práctica; la amaxofobia es un miedo desproporcionado, persistente y limitante.
¿Se puede superar sin terapia?
En casos leves, la práctica progresiva puede ayudar, pero cuando hay evitación total o ataques de pánico se recomienda apoyo profesional.
¿Cuánto tiempo tarda en tratarse?
Varía según la persona, pero muchas notan mejoras claras tras varios meses de tratamiento constante.


