Parte de los ahogamientos que se producen en España durante el verano están relacionados con el llamado “síndrome de inmersión”, un fenómeno también conocido como “hidrocución” o “corte de digestión”.
Se da cuando una persona se sumerge de forma repentina en agua más fría que la temperatura corporal, causando un choque térmico que activa una serie de respuestas involuntarias en el organismo, que pueden dar lugar a mareos, desorientación, pérdida de conciencia y hasta paro cardiorrespiratorio.
Según la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), esta reacción puede provocar arritmias, dificultad respiratoria y pérdida de control corporal, lo que incrementa el riesgo de ahogamiento súbito, incluso en nadadores experimentados.
¿Qué ocurre durante una hidrocución?
El síndrome de inmersión se origina como una respuesta refleja ante el contacto abrupto con agua fría, especialmente cuando el impacto ocurre en el rostro, cuello o tórax. Tal y como explica la International Life Saving Federation, estos efectos pueden surgir cuando la temperatura del agua está por debajo de 15 °C, y se trata de una respuesta fisiológica del cuerpo imposible de evitar.
Los principales mecanismos que se activan son:
- Bradicardia: Disminución repentina del ritmo cardíaco.
- Vasoconstricción periférica: Reducción del flujo sanguíneo en las extremidades para preservar órganos vitales.
- Apnea refleja: Retención momentánea de la respiración al entrar en contacto con el agua.
- Hiperventilación y reflejo de jadeo: Aumento incontrolable de la frecuencia respiratoria, que puede llevar a la aspiración de agua si la persona tiene la cabeza sumergida.
- Contracciones musculares: La sensación de frío extremo puede provocar contracciones involuntarias y calambres que dificulten la necesidad de nadar.
- Todo ello, junto con un aumento súbito de la presión arterial, pueden provocar arritmias o paro cardíaco, sobre todo en personas con enfermedades cardiovasculares.
Factores de riesgo del corte de digestión
Algunos colectivos son más vulnerables al corte de digestión:
- Niños pequeños: Su sistema nervioso está menos desarrollado y tienen menor masa corporal.
- Adultos mayores: Tienen mayor probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares.
- Personas con afecciones cardíacas, hipertensión o asma.
Prevención: claves para una inmersión segura
La prevención es la mejor herramienta para evitar accidentes por síndrome de inmersión. Aquí te dejamos algunas recomendaciones clave:
- Evitar entrar al agua de forma brusca. Mojarse primero el rostro, el cuello y el pecho (especialmente si se ha estado tomando el sol).
- Nadar acompañado y en zonas con vigilancia (especialmente los colectivos de riesgo).
- Reconocer síntomas de alerta: jadeos, escalofríos incontrolables o confusión.
- Evitar comidas copiosas y consumir alcohol antes de bañarse (reduce la percepción térmica y los reflejos).
Primeros auxilios ante el corte de digestión
Si alguien empieza a mostrar signos de estar sufriendo un corte de digestión, es indispensable:
- Sacar a la persona del agua de forma segura.
- Evaluar su respiración y pulso.
- Protegerla del sol.
- Cubrirla para evitar que pierda el calor corporal.
- Llamar a los servicios de emergencia.
- En caso de parada cardiorespiratoria, practicar la reanimación cardiopulmonar (RCP) hasta que llegue el personal sanitario.
El conocido como corte de digestión —también denominado síndrome de inmersión o hidrocución— puede prevenirse si comprendemos sus causas y los efectos que desencadena en el organismo. Con esta base, resulta fundamental seguir medidas de prevención que eviten el choque térmico al entrar bruscamente en contacto con agua fría.