La respiración oral persistente en niños no es un hábito menor ni un rasgo de personalidad. Es, en muchos casos, la señal de un problema médico que requiere atención especializada y, con frecuencia, la coordinación de varios profesionales de la salud al mismo tiempo.
“El tratamiento debe ser siempre personalizado y, en muchos casos, combinado”, explica la doctora Jennifer Cueva Díaz, especialista en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello con especial dedicación a la patología infantil, que ejerce en el Hospital Universitario de Cruces y en centros del grupo Quirónsalud en Bilbao.
“Con frecuencia requiere un abordaje multidisciplinar en el que pueden participar pediatras, otorrinolaringólogos, alergólogos, odontopediatras, logopedas o fisioterapeutas respiratorios”, añade. No es un problema de una sola consulta ni de un solo especialista, sino que debe tratarse de forma holística.
¿Qué le pasa a un niño cuando respira por la boca?
La respiración oral crónica en niños tiene consecuencias que abarcan distintos ámbitos. Se pueden dividir en tres grandes grupos.
Cara, nariz y sueño:
- Cara y desarrollo facial: paladar estrecho y ojival con mordida alterada (open bite)
- Nariz y oídos: congestión crónica y mayor riesgo de otitis.
Sueño y postura:
- Sueño y descanso: ronquidos y apneas con sueño fragmentado.
- Postura corporal: cabeza adelantada y alteraciones en la columna.
Función y conducta:
- Rendimiento escolar: cansancio y falta de atención y dificultad de concentración.
- Voz y habla: voz nasal o apagada y dificultades de articulación.
- Respiración y pecho: respiración superficial y menor oxigenación.
- Conducta: irritabilidad y nerviosismo relacionado con el mal descanso.
Tratamiento de la respiración oral persistente infantil
El primer escalón del tratamiento suele ser el farmacológico. Esto puede incluir sprays nasales y a veces con corticoides tópicos, lavados con suero fisiológico y antihistamínicos u otros fármacos para controlar la inflamación y la alergia.
Cuando hay componente alérgico, también entra en juego el control ambiental del hogar, como reducir alérgenos como el polvo o los ácaros y, en ciertos casos, la inmunoterapia.
Cuando los medicamentos no son suficientes y la obstrucción es importante, la cirugía puede convertirse en la mejor opción. Las intervenciones más habituales son la adenoidectomía y la amigdalectomía, aunque también existen otras técnicas más específicas, como la reducción de cornetes mediante radiofrecuencia o la cirugía endoscópica nasosinusal para eliminar pólipos. En casos menos frecuentes se actúa sobre la base de la lengua o la laringe.
Pero la solución no siempre es quirúrgica. “No todos los niños con adenoides o amígdalas grandes necesitan cirugía”, subraya la doctora Cueva Díaz, quien en su práctica habitual aborda precisamente los problemas respiratorios y del sueño en niños.
La intervención se plantea principalmente cuando aparecen ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño, sueño muy inquieto o una obstrucción que no cede con medicación. En los casos leves o moderados, sobre todo cuando la causa principal es la alergia, suele bastar con tratamiento médico, control ambiental y seguimiento clínico.
El cuerpo que aprende mal y hay que reeducar
Uno de los aspectos menos conocidos de este problema es que, cuando la respiración oral se prolonga meses o años, el cuerpo puede acabar incorporándola como un hábito. “El organismo puede haber incorporado este patrón“, señala la especialista. En esos casos, incluso después de resolver la causa física, el niño no vuelve a respirar por la nariz de forma automática.
Ahí entra la terapia miofuncional orofacial, un conjunto de ejercicios guiados para reeducar la respiración, mejorar la postura de la lengua, favorecer el cierre labial y corregir la forma de tragar. Diversos estudios respaldan su eficacia: ayuda a reducir la respiración oral, mejora la calidad del sueño y favorece un desarrollo orofacial más equilibrado.
Completa este enfoque la ortodoncia o la ortopedia maxilar, que puede ensanchar el paladar, corregir la mordida y mejorar la apertura de la vía aérea, siempre en colaboración con odontopediatría.
El tiempo importa
La pregunta que muchos padres se hacen es si el niño aprenderá solo a volver a respirar bien. La respuesta depende del tiempo. Si el problema es reciente y se resuelve la causa, por ejemplo, tras una infección aguda, muchos niños recuperan espontáneamente la respiración nasal. Si el hábito lleva meses o años instalado, la reeducación es casi siempre necesaria. El tiempo, en este caso, no juega a favor.
La Dra. Jennifer Cueva Díaz es especialista en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, con especial dedicación a la otorrinolaringología infantil. Ejerce en el Hospital Universitario de Cruces y en centros del grupo Quirónsalud en Bilbao. Puedes leer la entrevista completa en el link.


